Vox.

Para hablar sobre el financiamiento de las iniciativas culturales hay que hablar de la calidad de las iniciativas que se presentan a quienes son consumidores exigentes de arte en la ciudad. No existe mercado cultural si no están vigentes los niveles mínimos de calidad que requiere una obra, sea ésta una puesta en escena, una muestra visual o cualquier otra manifestación artística, que respete al espectador.
En este último tiempo la oferta de montajes culturales como exposiciones, teatro y diseño en Antofagasta, ha crecido al nivel de tener un estreno o una inauguración al menos un par de veces por semana (impensado hace unos años)… Pero ¿y la calidad de estas? ocurre que la ciudad en ese sentido es particular porque no hay una crítica sincera. ¿Es el arte un proceso colaborativo?, en donde la critica debe ser ejercida entre moros y cristianos, los cuales debieran constituir un poblado intenso de artistas, cuyo fin común es fomentar la cultura y el arte. “Cultura es la respuesta de un grupo social al reto de satisfacer las necesidades básicas de toda comunidad humana. Son los elementos que se articulan dentro de una estructura social, originando funciones que permiten vincular la conducta individual con las organizaciones e individuos de una sociedad. Se refiere a elementos y contenidos cuya característica fundamental es el ser parte del conocimiento social trasmisible”. (1)
En esto no tengo duda alguna, de trasmitir, trasmiten. Pero ¿De qué forma, con qué recursos, objetivos? Y aquí viene el financiamiento. El asunto es simple, cuando se financian proyectos culturales con recursos del estado; todos deberíamos sumarnos al éxito de esa iniciativa, cuyo éxito se relaciona con la capacidad crítica que debemos tener para del vaso medio vacío, visualizar la parte llena. Y cuando estos proyectos artísticos son parte de programas de privados o instituciones que están por aportar al desarrollo de la sociedad a través del arte, la formación artística y la cultura, también debemos colaborar como espectadores en presenciar por un lado y luego aportar con una visión crítica sobre lo entregado, malo o bueno, juzgue usted.
En Fuga tenemos el ánimo de sacarse esa actitud provinciana (en el buen sentido de la palabra) de no criticar, de no conversar sobre nosotros mismos, ahogando la certeza de saber quién se es, y la convicción de que es lo que se quiere ser, por sobre el que dirán. Nos falta cultura, característica esencial para percibir y relacionarnos con el espacio que habitamos, nuestro entorno, con compromiso, amor, con tolerancia, con menos egoísmo y más ganas de aprender.
Aciertos y desaciertos de Fuga.
Asumir nuestros errores nos dará las licencias para decir con fuerza y sin ninguna especie de temor las cosas como son. Y en Fuga, siempre partimos por casa, como buenos anfitriones. Tratamos de contrarrestar la carencia de ser un medio de comunicación sin fines de lucro, sin financiamiento público, sin financiamiento ni aporte privado de ninguna especie, hacemos las cosas porque creemos en todo lo que nos motiva, porque conformamos un grupo de colaboradores sin parangón en la gestión local. Sumamos talento, creatividad, compromiso, y ciertamente la capacidad para aglutinar a un equipo a personas que antes parecían lejanos. Pero tenemos la madurez necesaria para comprender que tenemos faltas que nos dejan al debe con nuestros lectores, los retrasos en las ediciones, la poca constancia, el permitirnos visualizar que estamos confundidos, cansados y desorientados.
Pensaran que es suicidio social estar detallando nuestros errores, pero no, estamos convencidos que es parte de crecer, para ser un aporte, al fin y al cabo, respondemos a nuestros lectores, si no ¿Para quién? Tenemos dos posibilidades; debemos mejorar o dejar de hacerlo y ser parte del paisaje. Esta última opción a nadie le queda bien en Fuga y por eso estamos a diario recapacitando, en la búsqueda de lograr unir consensos, objetivos y metas, sin ser seducidos por escribir por escribir, publicar por publicar, exponer por exponer.
Porque eso lo vemos a frecuentemente en la ciudad, en exposiciones poco presentables. Como las que se han sucedido últimamente bajo la curatoria de la artista Dagmara Wiskiel en la Sala Biblioteca Viva Antofagasta, en donde se deja en evidencia un nivel expositivo muy discreto, de Artistas que les falta contenido, formación y ensayo. Lo cual da pasó a que se trasmita poca seriedad, una valoración muy reducida de los espectadores, con obras sin conexión emocional y de precaria factura. Hay algunas que muestran potencialidad, con un buen” futuro”, pero en el momento de exponer carentes de recursos originales, reiterativos en el uso de los formatos y lenguajes, en definitiva muy discreto el aporte de la curatoria en los artistas.
El diseño no es arte.
Quiero hacer una excepción a esta sala con una de las exposiciones pasadas, enmarcada en el mes del diseño (organizada y montada por la Escuela de Diseño de la Universidad Santo Tomas) “Proyecto Dual” en donde, pese a ser breve en cuanto a número de obras, al fin, separan el arte del diseño, y eso es aplaudible, para mí, el diseño no es arte, pues ambos responden a intereses distintos, quizás la misma inspiración, pero definitivamente realidades y fines muy lejanos el uno con el otro. En este sentido el recuerdo de la exposición de Marko Franasovic con Pablo López (Cachipún, Balmaceda Arte Joven Antofagasta) es una evidencia muy clara de lo último. En donde un Artista de formación diseñador (Franasovic) puede desarrollar un lenguaje claramente artístico, y en donde un Diseñador caratulado de Artista (López), no puede desvincularse del diseño, porque diseña., no hace arte, es diseño “en papel envoltorio arte”, muy bien se le reconoce a Pablo López como un emergente actor en el nuevo mundo (emergente en otras latitudes nacionales y nulo en Antofagasta) del art design, con “su cualidad lúdica e infantil” (2) en la ilustración aplicada a tablas de skate e ilustraciones enmarcadas, con trazos y formas seguras, bellas, pensadas y si “consideramos que lo visual ha de causar impacto y comunicación, la obra de López cumple perfectamente este cometido, y su trabajo hace que estas cualidades desborden a primera vista” (3) pero seamos claros, no existe relación alguna entre la reconocible obra de Franasovic llena de símbolos y códigos que identifican, potencian y maximizan el origen y cultura del norte de chile, “solo de este pedazo del mundo podía salir la pintura de Franasovic” (4) en donde con colores otorgan una sensación completa de goce visual, pasión, amor, evocación, trascendencia, imaginación, todos componentes de una pintura consumada, potente en cada pincelada, de un Artista definitivo para el arte local, en contraposición de bellas formas, atrayentes colores, pero poca originalidad en los formatos y claramente una pérdida del norte al enfrentarse en un Cachipún, que estaba desde ya perdido.
Y es así, si pensamos en la poca rotación de obras de arte en la ciudad, de la poca producción que existe actualmente, todos los ejemplos anteriores son un enorme aporte, pero debemos al margen trabajar en los espacios físicos , carencia histórica en la ciudad, son metros y metros cuadrados los que no se utilizan en la ciudad, ejemplos de sobra, la Casa Abaroa de la Corporación Cultural Chacabuco, que responde a intereses particulares y como tales de una nula trascendencia y participación para los consumidores, gestores y artistas. La casa de la Ilustre Municipalidad (frente al Teatro Municipal) adquirida para ser residencia de palomas y toda la fauna urbana disponible en la ciudad, triste panorama, pero también existen valorables y grandes aportes a crear espacios para la cultura, como la remodelación del ex hotel Belmont hoy el Centro Cultural Estación Antofagasta de Ferrocarriles de Antofagasta, inversión acogida a la ley de donaciones culturales, la apertura de las exposiciones del espacio cultural Balmaceda Arte Joven Antofagasta para los artistas locales, en un clima de respeto, seriedad y en un espacio de lujo en cuanto arquitectura, distribución y ubicación, los esfuerzos inagotables de Fundación Minera Escondida por el fomento del cine y la gestión cultural, el aporte de personas y empresas como Nelly Lemus, Julio Soto, Karla Sepúlveda, Colectivo La Sicaria, Carlos Montivero, Helen Díaz entre tantos., podemos finalmente visualizar el vaso medio lleno y no medio vacío.
(1)Domingo Gómez Parra, Carolina Gómez Zamorano, Paulina Gómez Escobar. “La cultura popular de las oficinas salitreras de la región de Antofagasta” Fondart 2010. (2) (3) Angello García Bassi. Catalogo “Cachipún 2011, Franasovic y López” Fundación Minera Escondida. (4) Julio Sepúlveda Bravo. Catalogo “Cachipún 2011, Franasovic y López” Fundación Minera Escondida.






























